El Gobierno francés ha intensificado las expulsiones de roms rumanos y búlgaros este verano. Sarkozy ha intentado desviar la atención de la posible implicación de su ministro en el caso de corrupción Bettencourt.
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Italia, Alemania, Dinamarca y Suecia también están expulsando a gitanos

Setecientos “roms ou gens du voyage” [roms o gente de viaje] como se les denomina, van a ser expulsados de Francia. Sus campamentos serán destruidos y la vuelta (obligada) a sus países de origen es inminente. Así lo anunció este verano el presidente francés, Nicolas Sarkozy, tras los disturbios por la muerte a manos de la policía de un joven gitano. El 16 de julio moría Luigi Duquenet, un rom francés de 22 años. La gendarmería disparó contra él porque se saltó un control de carretera. Fue alcanzado y abatido a tiros en el departamento de Loire-et-Cher, en el centro de Francia.
Su asesinato provocó la reacción de la comunidad gitana que se manifestó en el pueblo de Saint-Aignan, a 10 kilómetros de donde fue encontrado, ya sin vida, Duquenet. Cincuenta personas intentaron tomar la gendarmería de la localidad, cortaron árboles, prendieron fuego a varios coches, rompieron semáforos y “robaron los croissants de una panadería”, según los medios franceses.
La excusa de los disturbios
Con el pretexto de los enfrentamientos,
Sarkozy convocó el 28 de julio
una reunión de urgencia con un único
punto en el orden del día: los
roms. Tras el encuentro con varios
de sus ministros, el presidente anunció
mano dura: la expulsión de un total
de 700 gitanos, el desmantelamiento
de los campamentos y un
programa de cooperación policial
con Rumanía y Bulgaria, de donde
proceden la mayoría de los roms que
viven en Francia.
Pero la muerte del joven Luigi a manos de la policía francesa no ha sido la única que se ha producido este verano. Un día antes, en el barrio de La Villeneuve, en Grenoble, Karim Boudouda, de origen árabe, también fue abatido a tiros por los gendarmes cuando era perseguido por éstos, supuestamente, por haber robado 20.000 euros en un casino. El Gobierno reaccionó entonces con el envío de tres unidades de élite de la policía a la manifestación convocada por el asesinato de Boudouda, el domingo 18 julio.
Un discurso xenófobo
Días después, Sarkozy se presentó
en Grenoble para hacer una demostración
de firmeza. En una alocución
pública anunció que retiraría la nacionalidad
francesa a franceses “de
origen extranjero” que hayan cometido
“delitos graves”. En ese discurso,
vinculó también la inmigración y
la criminalidad, e incluso se manifestó
escandalizado por los “derechos
sociales” que poseen los extranjeros
sin papeles. Además, achacó la situación
actual a “50 años de inmigración
incontrolada”.
Pero todo esto también forma parte de una estrategia de distracción del Gobierno, que ha querido centrar sobre los gitanos la atención de los medios de comunicación con el anuncio de su política de “mano dura”. El ejecutivo francés se encuentra implicado en el grave escándalo de corrupción Woerth-Bettencourt.
Esto se une a un bajo nivel de popularidad debido a sus pésimos resultados en política económica y social. Sarkozy trata de ganarse los favores de los electores del Frente Nacional. El escándalo por la implicación de la mujer del ministro de Trabajo, Eric Woerth (antes de Presupuesto y Cuentas Públicas), en el fraude fiscal de Eliane Bettencourt, la mayor fortuna francesa, y las influencias del ministro para que la heredera contratase a su mujer a cambio de hacer, supuestamente, la vista gorda ante las evasiones de capital de la millonaria, sacude a Sarkozy.
Críticas a las deportaciones
Sin embargo, la reacción de la sociedad
y de la comunidad internacional
ante las deportaciones de gitanos
no ha beneficiado al mandatario
francés. La Comisión de
Derechos Humanos de Naciones
Unidas ha declarado su preocupación
por los hechos. También los
obispos franceses y el Papa, han
hecho un llamamiento contra esta
política y solicitan que se acoja a
estas personas.
Las expulsiones han sido criticadas
hasta en el entorno de la derecha
francesa: el ex primer ministro
liberal, Jean-Pierre Raffarin, criticó
la “deriva derechista” de Nicolas
Sarkozy, mientras que el ex primer
ministro, Dominique de Villepin,
denominó la política de expulsiones
de “culpa moral” y de generar “una
mancha sobre nuestra bandera”.
Desde que Rumanía y Bulgaria entraron en la Unión Europea en 2007, los roms, a pesar de ser ciudadanos europeos con derecho a la libre circulación, sufren fuertes restricciones en el país galo, que también les impide acceder a un trabajo. Francia impuso una moratoria hasta el año 2012 (ampliable a 2014) a rumanos y búlgaros, por la que a partir de los tres meses de residencia en el país, tienen que tener un empleo, probar que tienen recursos suficientes para subsistir o cursar estudios en este país para no ser considerados irregulares. Según cifras oficiales, entre 10.000 y 15.000 gitanos residen en la actualidad en Francia. En Francia hay 500.000 gitanos de nacionalidad francesa.
Las expulsiones no son nuevas
Desde 2002 el
Gobierno francés ha
destruido campamentos
de gitanos, sobre
todo rumanos y búlgaros,
y posteriormente
los ha expulsado.
En la actualidad,
los roms representan
un tercio de las expulsiones:
son 9.875 de
los 29.288 extranjeros
deportados de
Francia en 2009. Una
política que permite,
en teoría, la vuelta
posterior, pero entre
las persecuciones
policiales, las expulsiones
y los desalojos
se impide la integración
de los gitanos, el
acceso a la salud o la
continuidad en la
escolaridad de los
niños. Así, el Gobierno
francés usa los
roms como ‘carne de
estadísticas’ para
lograr sus objetivos.
Estas expulsiones las
denomina como
“reconducciones a la
frontera”. Además,
desde el Gobierno se
usa la retórica para
estigmatizar a los
roms, en particular, y
a los pobres en general
y así desviar la
atención de otros
asuntos.