
DIAGONAL: ¿Por qué necesitamos
cambiar el actual sistema de organización
social?
TAKIS FOTOPOULOS: Por dos razones
principales relacionadas entre
sí: en primer lugar, porque este
sistema, por su propia naturaleza,
no puede asegurar la autonomía individual
y colectiva, ya que las dinámicas
de sus principales instituciones
políticas y económicas (la
economía de mercado capitalista
y la “democracia” representativa)
conducen inevitablemente a una
enorme y creciente concentración
de poder económico y político respectivamente.
En segundo lugar, porque puede mostrarse cómo cada aspecto de la actual crisis multidimensional, esto es, la crisis económica, política, social y por supuesto ecológica, es atribuible a la concentración de poder en todos los ámbitos. Como resultado de esta concentración las personas han quedado institucionalmente incapacitadas para controlar no sólo el producto de su trabajo como productoras directas sino, también, para ejercer directamente el poder político como ciudadanas. Además, la economía de crecimiento (consecuencia de las dinámicas de la economía de mercado) ha creado ya una sociedad de crecimiento, cuyas características principales son el consumismo, la privacidad, la alienación y la subsiguiente desintegración de los lazos sociales.
D.: Niega que la democracia representativa
sea una modalidad de democracia.
¿Cuál es pues el significado
de ‘democracia’?
T.F: La democracia representativa es
una idea sin ningún precedente histórico.
Fue literalmente inventada
por los padres fundadores de la constitución
americana a finales del siglo
XVIII, que consideraron inaceptable
el ejercicio directo del poder que implica
el significado clásico ateniense
de soberanía del demos (aunque por
supuesto la democracia ateniense
era parcial debido a la restringida definición
de ciudadanía que se utilizaba
entonces). La razón era que se
suponía que la democracia directa
institucionalizaría el poder de la “turba”
y la tiranía de la mayoría, pero el
objetivo real de los padres fundadores
era la disolución del poder popular,
de forma que las proclamas de la
“democracia” representativa sobre la
distribución igualitaria del poder político
pudieran hacerse compatibles
con la dinámica de la economía de
mercado, que ya estaba conduciendo
a la concentración de poder económico
en manos de la élite económica.
Así, para el proyecto de la democracia inclusiva, el significado clásico de democracia es sólo un punto de partida en el sentido de que la democracia directa (es decir, la democracia política que significa una distribución igualitaria del poder político entre los ciudadanos) tendría que complementarse con la democracia económica, que significa la distribución igualitaria del poder económico, mediante la propiedad y el control comunitarios de los recursos de producción y distribución por parte del demos o el conjunto de ciudadanos de un área geográfica determinada, y también con la democracia en el ámbito social, que significa la distribución igualitaria del poder social en el centro de trabajo, en el centro educativo, etc. (esto es, la autogestión) y finalmente con la democracia ecológica, que se define como el marco institucional que apunta a la eliminación de cualquier intento humano de dominar el mundo natural, en otras palabras, el sistema que tiene por objetivo reintegrar a los seres humanos con la naturaleza. Por lo tanto, de hecho, la democracia inclusiva significa la abolición de las relaciones y estructuras de poder, ya que tales estructuras y relaciones no pueden existir en el marco de la distribución igualitaria cualquier forma de poder.
D.: ¿En qué consiste la propuesta
de sustituir el dinero por vales personales?
T.F: La democracia económica, como
componente básico de la democracia
inclusiva, presupone una economía
sin Estado, sin dinero y sin
mercado que impide la acumulación
privada de riqueza y la institucionalización
de privilegios para algunos
sectores de la sociedad sin tener que
depender de un mítico estado de
escasez y abundancia, o tener que
sacrificar la libertad de elección. Esta
es la razón por la cual las tres condiciones
previas que tienen que satisfacerse
para que la democracia
económica sea factible son la autodependencia
démica (esto es, una
autodependencia centrada en el ‘demos’,
no autárquica); la propiedad
démica de los recursos productivos,
que implica que los medios de producción
y distribución son poseídos
y controlados colectivamente por el
demos (es decir la ciudadanía directamente),
y, la asignación confederal
de recursos. En este marco institucional,
las personas definen colectivamente
qué necesidades consideran
básicas (que tienen que ser satisfechas
igualitariamente en virtud del
principio de “de cada cual según sus
capacidades, a cada cual según sus
necesidades”), y qué necesidades
consideran no básicas (que serán satisfechas
mediante el trabajo voluntario
de aquellos ciudadanos dispuestos
a ofrecer trabajo adicional
con este propósito). Para asegurar la
libertad de elección, cada ciudadano
escoge individualmente cómo va a
satisfacer sus necesidades (básicas y
no básicas) y qué necesidades no básicas
desea satisfacer, mediante la
utilización de vales, que son personales
y consiguientemente no pueden
ser transferidos o utilizados, como
el dinero, como medio general
de intercambio y reserva de riqueza.
De esta forma la acumulación personal de riqueza y la concentración de poder económico resulta imposible. Alternativamente, se podrían distribuir tarjetas de crédito démicas a cada ciudadano, que también son personales y tienen un límite de crédito determinado por el derecho de cada ciudadano a bienes y servicios básicos (tal y como se determina por la planificación democrática confederal) o por el derecho a bienes y servicios no básicos (tal y como se determina por un “mercado” artificial para los bienes y servicios no básicos).
Cuestión de términos
D.: ¿Por qué llamar democracia
inclusiva y no anarquismo
a esta propuesta?
T.F.: Porque el proyecto
de la Democracia Inclusiva
es una síntesis libertaria,
que tiene como base
las lecciones que nos
enseña la experiencia histórica
de las revoluciones
e insurrecciones fracasadas
de los últimos 150
años. Es una síntesis de
las dos tradiciones históricas
dentro de la amplia
tradición libertaria (o autónoma),
esto es, la tradición
democrática clásica y
la tradición del socialismo
libertario, que es la parte
del anarquismo a la que
la democracia inclusiva es
más próxima, así como
las corrientes antisistémicas
dentro de los movimientos
sociales que surgieron
desde Mayo del 68
(el movimiento de liberación
de las mujeres, el
ecologista, etc.).