
La plaza de Callao en Madrid se ha convertido en pocos minutos en un reclamo visual para el paseante. Un corro rodea a algunos actores de Ecologistas en Acción, que recrean una situación ficticia, que bien podría ser real en unos años. El cuadro de una sociedad en la que los recursos naturales ya casi se han agotado.
Hugo Navascués Alcover es militante y ejerce de actor en su tiempo libre. Entró en Ecologistas en Acción hace un par de años. Muy pronto le llegó la noticia de que se estaba configurando un grupo de teatro social y no dudó en involucrarse en este proyecto desde sus inicios.
Según Navascués, el “teatro del clima” plantea situaciones, reflexiones y problemáticas actuales a pie de calle. En ese sentido, “la parte reivindicativa la cumple a la perfección”, asegura. No hay un público concreto esperando en la calle, lo que en principio sería una ventaja. Aunque también supone un inconveniente debido a que su carácter espontáneo y puntual se cruza con tan solo un grupo reducido de viandantes de manera circunstancial.
La suma de fuerzas hace que los componentes del grupo manifiesten una clara vocación de formarse, no sólo en técnicas y dinámicas teatrales sino también en temas medioambientales y relacionados con el cambio climático. Navascués reconoce que la voluntad de combinarlo con “el teatro foro” es uno de sus objetivos.
No cabe duda de que dentro de este tipo de teatro hay una parte de investigación, en lo que concierne no sólo a los temas medioambientales, sino también en lo que respecta al lenguaje artístico y teatral. María José de la Rosa, responsable artística de la compañía Sol y Tierra, que hace teatro medioambiental desde los ‘80, opina que el teatro educativo ambiental debe ser “una experiencia sensorial y estética que cuide el lenguaje, más allá de lo puramente pedagógico”. Su compañía, que se dirige a un público familiar, ha desarrollado el concepto de la “huella ecológica personal”. “Se trata de que los seres humanos tomen conciencia de la huella personal que han dejado en el planeta, así como de las maneras de minimizarla en lo posible”, afirma.
Metáforas para explicar
De la Rosa incide en el hecho de que algunos temas ambientales que preocupaban en los ‘80 son los que preocupan ahora, pero se han agravado y se expresan de manera distinta: “Lo que realmente ha cambiado es la manera de transmitir la historia”.
Aparte de organizar obras de títeres, también cuentan con un espectáculo de pasacalles. Para narrar las historias hacen uso de las metáforas que apelan directamente a la emoción de sus espectadores, algo que consideran vital para que esa toma de conciencia se produzca. Ahora hay muchas más compañías involucradas en este tipo de teatro, explica De la Rosa, “se ha avanzado mucho a la hora de transmitir valores y realidades complejas”, concluye.