En el sugerente espacio/escenario que es la sala Beckett de Barcelona, cuatro personajes se mueven entre una pila de somieres, un decadente camerino y la barra de un bar londinense.
El espacio sonoro se cocina desde la propia escena, dando organicidad y dinamismo a un montaje que combina herramientas experimentales con otras más convencionales y predecibles. Las interacciones entre tres mujeres y un hombre dan forma a una idea compleja de los afectos y de las relaciones de poder.
Vera (Anna Güell) es una reconocida actriz que representa a Fedra en Broad way. Un día recibe la visita de la dramaturga Sarah Ka ne (Montse Morillo), que quiere escribir una versión contemporánea del mito griego (la real y excelente Phae dra’s Love). Las visitas se repiten. Ambas comparten el desencanto, la seducción y la necesidad de autodestrucción.
Kane se pelea desde el psiquiátrico contra una sociedad enferma. Escribe su obra a partir del contacto que tiene con Freddy (Mercè Anglès), una camarera de Londres que sufre el maltrato de su marido y que busca el amor de su cuñado y compañero de trabajo. Un enfermero, un actor y un camarero (Jaume Madaula) imponen los límites de la existencia de estas mujeres y el control de sus cuerpos. Salpican desde el título de la obra las reminiscencias del Pleasure and pain de Ben Harper (“He conocido el placer, el sentido el dolor y sé que nunca volveré a ser yo mismo”).
F3dra (pleasure and pain) podría encontrar su equivalente pictórico en el cuadro que el francés Alexandre Cabanel pintó en 1880, Phèdre, donde tres mujeres llenan el espacio de relaciones y acciones inmóviles. A petición de la compañía Q-Ars Teatre, la autora Marilia Samper (Sao Paulo, 1974) partió del mito de Fedra para escribir este texto. La información real y la ficción se mezclan en un relato bastante cinematográfico que disecciona la angustia de las pasiones y el suicidio final. //